martes, 19 de febrero de 2008

Toma una taza de té



Un nuevo discípulo acudió al monasterio. El maestro le recibió y le preguntó:

“¿Habías estado aquí antes?”

Y el nuevo discípulo dijo:

“No, maestro, nunca”

A lo cual el maestro le dijo:

“Toma una taza de té”

Después llegó otro monje y el maestro le hizo la misma pregunta:

“¿Habías estado aquí antes?”

Y el monje dijo:

“Si maestro, ya estuve”

A lo cual el maestro dijo:

“Toma una taza de té”

Más tarde el administrador del monasterio le preguntó:

“Maestro, ¿Cómo trata igual a los dos monjes, si han dado diferentes respuestas?”

A lo cual el maestro le dijo:

“Toma una taza de té”

Tiempo de morir

Hakuin, el maestro del Zen, desde pequeño fue avisado de que su maestro poseía una preciosa taza de té, de rara antigüedad. A Hakuin se le rompió accidentalmente esta taza, y se quedo muy perplejo. Oyendo los pasos del maestro que se acercaba, ocultó tras de sí los pedazos de la vasija. Cuando apareció el maestro, Hakuin le preguntó:

-¿Por qué hay que morir?

-Es lo natural -respondió su Maestro-. Todo debe morir y tiene un determinado tiempo de vida.

Hakuin, mostrando la vasija despedazada, explicó:

-A tu taza le había llegado el tiempo de morir.

viernes, 15 de febrero de 2008

El camino embarrado

Cierto día Tanzán y Ekidó, caminaban juntos por un camino embarrado y la lluvia seguía callendo insistentemente.

Al doblar una curva, encontraron una bella joven, vestida con kimono de seda y faja, que no se atrevía acruzar el camino por miedo a mancharse.

Tanzán le dijo:

Ven muchacha, acercaté”

Y la tomó en sus brazos para hecerla cruzar el barro.

Eikidó, mantuvo silencio hasta su llegada a un templopara pasar la moche. Entonces no pudo contenerse más y le dijo a Tanzán:

se supone que los monjes como nosotros debemos de mantenernos alejados de las muchachas, sobretodo si son jóvenes y bellas. De no hacerlo así corremos peligro. ¿Cómo es entonces que la has tomado entre tus brazos?”

A lo que Tanzán le respondió:

Yo tomé en brazos a la muchacha, la cruzé el camino y allí la dejé. ¿Es que tú aún sigues llevandola contigo?”

Si amas hazlo abiertamente

En una escuela zen había veinte monjes y una monja muy bella, practicando la meditación. La monja de nombre Eshún, era tan bella, que incluso con la cabeza rapada y una túnica sin adornos, su belleza destacaba. Había varios monjes que estaban prendados de su belleza, hasta que un día uno de ellos se atrevió a escribirle una carta declarándola su amor y proponiendola una cita.

La monja no le respondió, sin embargo al día siguiente cuando estaban todos reunidos, para escuchar la disertación de tu maestro, al finalizar ésta se levantó y dijo:

si en verdad me amas tanto, ven y abrázame ahora”

viernes, 8 de febrero de 2008

Egoísmo

El Primer Ministro de la Dinastía Tang fue un héroe nacional por su éxito como estadista y como líder militar. Pero a pesar de su fama, poder, y salud, se consideraba un humilde y devoto Budista. A veces visitaba a su maestro Zen favorito para estudiar con él, y parecía que se llevaban bien. El hecho de ser primer ministro parecía no afectar su relación, que parecía ser la de un venerado profesor y un respetuoso alumno. Un día, durante su visita usual, el Primer Ministro le preguntó al maestro, "¿Su Reverencia, qué es el egoísmo de acuerdo al Budismo?" La cara del maestro se volvió roja, y con una voz condescendiente e insultante, le respondió, "¿qué clase de pregunta estúpida es esa?" Esta respuesta inesperada impactó tanto al Primer Ministro que se quedó callado y furioso. El maestro Zen sonrió y dijo, "ESTO, Su Excelencia, es egoísmo".

Concentración


Después de ganar varios concursos de arquería, el joven y jactancioso campeón retó a un maestro Zen que era reconocido por su destreza como arquero. El joven demostró una notable técnica cuando le dió al ojo de un lejano toro en el primer intento, y luego partió esa flecha con el segundo tiro. "Ahí está", le dijo al viejo, "¡a ver si puedes igualar eso!". Inmutable, el maestro no desenfundo su arco, pero invitó al joven arquero a que lo siguiera hacia la montaña. Curioso sobre las intenciones del viejo, el campeón lo siguió hacia lo alto de la montaña hasta que llegaron a un profundo abismo atravesado por un frágil y tembloroso tronco. Parado con calma en el medio del inestable y ciertamente peligroso puente, el viejo eligió como blanco un lejano árbol, desenfundó su arco, y disparó un tiro limpio y directo. "Ahora es tu turno", dijo mientras se paraba graciosamente en tierra firme. Contemplando con terror el abismo aparentemente sin fondo, el joven no pudo obligarse a subir al tronco, y menos a hacer el tiro. "Tienes mucha habilidad con el arco", dijo el maestro, "pero tienes poca habilidad con la mente que te hace errar el tiro".

martes, 5 de febrero de 2008

Los Símbolos

Cuidado, porque los símbolos se pueden transformar en trampas.
En el libro Cántico para Leibowitz todo pasa en un futuro distante, mil años después de que la actual civilización ha sido destruida. Sus habitantes usan antiguos cables de computadora enrollados en el cuello, porque, dice la tradición, esos cables contenían sabiduría.
Jorge Luis Borges también habla de la transformación de los símbolos: la cruz, un instrumento de tortura, se volvió un instrumento de fe. Una flecha asesina ahora indica una dirección.
Una leyenda Zen cuenta la historia de un maestro que siempre mandaba a atar a su gato, que perturbaba la meditación de los discípulos. El tiempo pasó, y el maestro murió. El gato también murió, y trajeron otro. Cien años después, alguien escribió un tratado, sobre la importancia de tener un gato atado durante una meditación.